sábado, 8 de noviembre de 2008

IDENTIDAD Y RAÍCES EN EL TERCER FESTIVAL DE POESÍA LAS LENGUAS DE AMÉRICA

 Carlos Montemayor: poesía es canto, expresión intensa de las lenguas humanas
 Hablan de su tiempo y de su realidad humana y social
 Necesario superar la discriminación en nuestra sociedad racista

Por Remedios Pastén Rosales

México (Aunam). Hasta la Sala que lleva el nombre del rey Nezahualcóyotl llegaron otros doce poetas, como él, para ofrecer sus cantos y su palabra. Vinieron de América Latina, Francia, Inglaterra, Portugal y España, sólo al Tercer Festival de Poesía Las Lenguas de América, y por primera vez, desde su apertura, se escuchó en ese recinto, la lengua náhuatl del dueño de la tinta negra y de la tinta roja, la del sabio Nezahualcóyotl.
En idioma náhuatl y español, lenguas anfitrionas del Festival, Carlos Montemayor recitó El canto a Nezahualcóyotl de Miguel León Portilla. “Es una noche equidistante”, dijo el escritor y poeta, “pues el dos y el doce de octubre no se olvidan”; una por el hecho sangriento y la otra porque somos, hemos sido y podremos seguir siendo países con una memoria histórica y un patrimonio cultural y lingüístico de varios milenios, no solamente de los últimos cinco siglos.
En exclusiva para Aunam, el escritor y poeta Carlos Montemayor, coordinador del evento, expresó que poesía es una palabra muy nueva, inventada a finales del siglo VI y principios del V a.C., en Grecia. Dijo que antes no existía ese concepto, pues se usaba el término de canto, noción primordial de poesía, un entramado complejo de música, canto, palabra y danza. “Para los griegos poesía significó creación, el poeta era hacedor”. Para Montemayor, poesía sigue siendo “el canto, expresión más alta, prístina e intensa de las lenguas humanas”.
Al inaugurar el Festival, el doctor José Narro Robles, rector de la UNAM, reconoció la importancia del evento, y señaló que “hoy que se vive en un mundo complejo, donde los valores y lo fundamental parecen difuminarse, donde lo material pretende dominar frente al espíritu”. Por lo que aseveró, el certamen “resalta la identidad y raíces de nuestra nación”.
Para José Del Val, director del Programa Universitario México Nación Multicultural y organizador del encuentro, estos festivales que comenzaron hace cuatro años, surgieron con la idea de darle un sentido específico al 12 de octubre, “el de la diversidad equitativa, donde la lengua es el elemento central para generar espacios de reflexión”.
Agregó que “en estos momentos que vive el mundo, es la poesía la que habla, la que nos hace reflexionar sobre nuestro estar aquí y hacia donde vamos, en un Año Internacional de los Idiomas y de la Lengua Materna declarado por las Naciones Unidas”.
Durante el recital, hombres y mujeres poetas, de voces fuertes, agudas, melodiosas y guerreras, se escucharon en la sala forrada de paredes de madera, totalmente abarrotada. Cada uno en su turno, le cantó a su pueblo, dio consejos a la familia, agradeció al gran padre y a la gran madre, a la tierra, a los árboles, y desearon paz a los corazones ahí presentes. Unos con alegría, otros con llanto.
También hablaron de los nahuales e imitaron los sonidos de pájaros, de gatos y del viento. Otros se dirigieron con gratitud a los cuatro puntos cardinales y exigieron del gobierno, ni un recorte al presupuesto de la UNAM, ni a la educación en ninguno de sus niveles, dada la situación económica. El público grito “dos de octubre no se olvida” con las intervenciones de Gregory Orr (Inglaterra) y Waldemar Noh Tzec (México).
Mas tarde, Carlos Montemayor diría que los poetas “hablaron de su tiempo, de su realidad humana y social”. “Humana en cuanto al tejido social y político en que esa identidad o intimidad se desarrolla o se desenvuelve, y social y política en tanto a la descripción del tejido
con que el poeta y escritor va entendiendo esos procesos; aparentemente externos, pero que son también un proceso interior de la conciencia humana que la literatura va conteniendo y desarrollando.
Montemayor resaltó que el compromiso de cada poeta es su trabajo. Destacó la trayectoria de los participantes, no sólo como autores, sino como investigadores, lingüistas, promotores de difusión de sus culturas y de sus lenguas; son maestros o pedagogos, y a diferencia de escritores latinoamericanos de lengua española que sólo escriben en español, los escritores latinoamericanos de lenguas indígenas hacen lingüística, biología, investigación de campo, trabajo de lecto escritura y traducen, por ello, su trabajo es excepcional.
El especialista en poesía clásica y latina, expresó que aún existen barreras en el reconocimiento de la lengua y cultura indígena, “la primera es la discriminación, pues nuestra sociedad es profundamente racista; creemos que los indígenas no tienen idiomas, sino dialectos, esto es un problema de desinformación de lingüística general; que no tienen arte sino artesanía; que no tienen espiritualidad sino religiosidad o superstición; que no tienen sistemas normativos sino usos y costumbres”.
Esta discriminación es superada con el surgimiento de organizaciones políticas humanas, de asociaciones económicas y productivas, con nuevas generaciones de pedagogos, lingüistas e investigadores que están modificando el panorama de la educación rural indígena, bilingüe y multicultural en México y en el continente. En esta lucha reconoció la importancia del EZLN, así como el trabajo de los escritores en las lenguas indígenas, “un diamante con muchas facetas, en México es así y a nivel continental igual”.
Para el miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, una forma de acabar con el racismo esta en “la fuerza que vayan adquiriendo los movimientos de los pueblos originarios, en la medida en que tengan una organización mas plena, poderosa, posicionamiento social, político, educativo, cultural y pedagógico mas intenso, irán modificando las propias relaciones sociales, culturales políticas de las sociedades en que se desenvuelven”.
Montemayor expresó que al respecto, “la educación puede ser un factor muy importante para que la sociedad mayoritaria, tengan una información mas plena de lo que puede ser la integración o la realidad rural de nuestros países”.
Al final del evento, la escritora juchiteca Irma Pineda señaló a los medios que a través de la poesía, el pueblo comunica ideas y sentimientos, el quehacer cotidiano y lo que le rodea. Sus poemas recitados esa noche, están contenidos en su libro La nostalgia no se marcha como el agua de los ríos, dedicado a los migrantes oaxaqueños del Istmo, a los que se van y a los que se quedan
Asimismo, el guajiro José Ángel Silva, la poesía indígena escrita en Venezuela, sigue siendo un privilegio de un pequeño grupo de personas indígenas que han emergido gracias al talento, quienes han tomado las esencias de su propia cultura; agregó que para él existe una “alteridad alterada, pues en el diálogo con las civilizaciones prevalecen barreras frente a las culturas minoritarias, como la negra y la indígena”.
Así, con la ausencia de Miguel León Portilla (por sugerencia de sus médicos), a quién se le debe el nombre de la Sala Nezahualcóyotl, propuesto en 1976 al entonces rector Guillermo Soberón, concluyó el Festival, y se oyó el sonido de los caracoles, aplausos y chiflidos de júbilo; incluso, la voz tenora de Carlos Montemayor que cantó opera a petición de una admiradora.
La próxima cita es en 2010, para el Cuarto Festival, mientras tanto, la palabra no se pierde, no se olvida, se guarda y por la palabra, se puede vivir en la tierra, como reza canto a Nezahualcóyotl.

Autonomía indígena y soberanía, un problema de confusión: Miguel León Portilla

*Derecho a una forma propia de gobierno, administración y aprovechamientos de sus recursos
*La identidad se destruye y se construye con el tiempo
*Globalización cultural, producto de una tecnología cada vez mas sofisticado

Por Remedios Pastén Rosales

México (Aunam). La autonomía es una capacidad de autogobierno básicamente en asuntos de competencia del propio organismo o cuerpo autónomo (como en la UNAM). “Autonomía no quiere decir soberanía, ahí es donde viene la confusión”, comentó en exclusiva para Aunam el doctor Miguel León Portilla durante el II Simposio Los mexicanos que nos dio el mundo, celebrado en el Centro de Estudios de Historia de México Carso, a cargo del Programa Universitario, México Nación Multicultural.
El maestro emérito de la UNAM agregó que la autonomía indígena implica “tener una propia forma de gobierno para asuntos internos, capacidad para administrar sus propios recursos, transmitir los conocimientos que consideren oportunos para sus hijos a través de una educación autónoma, y aprovechar los recursos a su alcance de sus territorios”.
Para el autor de Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, “los grupos indígenas tienen derecho a elegir a sus propios diputados que los representen ante las diferentes cámaras, como grupo indígena, por lo que al pertenecer a un municipio, también tienen derecho a elegir ellos, a sus autoridades”.
Al ser cuestionado por Aunam sobre la idea de autonomía contenida en el Artículo 2 Constitucional, el historiador y filósofo respondió que dicho numeral no establece una autonomía plena, pues sólo establece que la nación mexicana se sustenta en sus pueblos indígenas, por lo que uno de los objetivos de los acuerdos de San Andrés fue una ley de autonomía, pero se quedó en el aire, porque “las cámaras no quisieron votar en ese sentido, temieron que se fuera a fraccionar el país, lo cual no es cierto”.
Respecto a la identidad indígena que se consagra en el precepto antes citado, el estudioso de la lengua náhuatl agregó que en el caso de los pueblos originarios de México, ésta “tiene una influencia de cinco siglos de convivencia y muchas veces de imposiciones, de tal manera que hoy, no es la misma identidad que encontró Hernán Cortés, ha cambiado en varios aspectos, positivos y negativos. De ahí que en su conferencia expresara, “la identidad se destruye y se construye con el tiempo”.
En cuanto a esa positividad y negatividad de la identidad indígena, el ganador del premio español Bartolomé de la Casas, en su décima edición, dijo que es difícil hacer un catálogo de ello, pero en muchos casos se ha enriquecido su imaginario, por ejemplo, con la figura de Emiliano Zapata, héroe que reivindica a los indios y con la virgen de Guadalupe, vista como Tonantzin, la diosa madre.
Sobre este punto el también sobrino de Manuel Gutiérrez Nájera y Manuel Gamio, explicó en su conferencia que diversos pueblos originarios han hecho suyos distintos elementos de la civilización moderna, recreando y reconstruyendo su identidad de otra manera, pero siguen siendo tzotziles o tzeltales, etc., herederos de una cultura, expresada por sus descendientes, incluso, en la creación de nuevas formas de literatura.
Agregó que en este proceso, “sus tradiciones y sus lenguas están en peligro, pues siguen viviendo en regiones inhóspitas, no participan en la vida social y política de México y tiene que participar, pero sin perder su identidad”.
Asimismo, Miguel León Portilla expresó que México, al igual que otros países de América Latina, no escapa de la globalización tecnológica y por consecuencia de la globalización cultural, esta última caracterizada por “un acelerado proceso tendiente a homogenizar las formas de vida de los habitantes del planeta, producto de una tecnología cada vez mas sofisticada”. De ahí que la influencia en televisión desde el norte de México hasta Argentina, París y otra parte del mundo, sea de películas norteamericanas que enseñan cómo matar.
Criticó que esa tecnología “sólo busque un enriquecimiento material y que los medios de comunicación masiva presenten como ideales de la humanidad a los estados desarrollados y las empresas trasnacionales, quienes aparecen como portadores de modelos altamente operantes en una economía, a la vez consumista y de concentración de riqueza”.
De esta manera dijo, “surge una nueva forma de materialismo globalizante, acompañado de una escala de valores en los que el éxito económico ocupa un lugar principal, en tanto las formas de cultura tradicional, son tenidas como obsoletas e inoperantes, por quienes participan en una actitud de “lideres” (los que han hecho mucho dinero y que están en distintas áreas de la industria)”.
Al respecto comentó que las consecuencias trágicas de este sistema “han venido a desembocar en una crisis económica de alcance mundial”. Asimismo resaltó, que aún con ese proceso globalizante, “perduran las identidades de múltiples grupos de lenguas y culturas originarias en numerosos países de la tierra, que participan en beneficio propio en las modernas transformaciones ecológicas, tecnológicas y económicas, que logran aquellas que mantienen su identidad y su sentido de orientación”.
Por ello advirtió, que en este proceso globalizante, no debemos quedarnos en Nepantla, es decir “en medio”, “perdido lo antiguo y no asimilado lo nuevo”. Esto debido a la realidad latinoamericana que hoy “se constituye con la presencia de cerca de cincuenta millones de descendientes de los pueblos de lenguas y culturas originarias, que han estado por siglos en permanente peligro de desaparecer y no pocas han desaparecido”.
Explicó que la historia universal y la experiencia contemporánea, evidencian las variadas situaciones y consecuencias que actualmente se producen cuando las sociedades mayoritarias, tercamente, se niegan a reconocer estas realidades y su afirmación legal, como resultado fáctico de la pluralidad de lenguas y culturas dentro de un país.
Por ello abundó en que el reconocimiento legal de los derechos de los pueblos indígenas en la legislación, incluso a nivel constitucional, “lejos de constituir un peligro de disolución y fragmentación de un estado nacional, puede contribuir a su florecimiento, en cambio, los casos de relación asimétrica con imposición cultural y lingüística de la sociedad dominante, llevan con frecuencia a tensiones y conflictos violentos”.
En consecuencia señaló, existe una continuidad con los pueblos originarios y al reconocer plenamente el contenido del artículo segundo constitucional, podremos lograr equidad, pues “nunca ninguna lengua es superior a otra, sino distinta”.

La poesía, espacio de reflexión que define nuestra estancia aquí: Carlos Montemayor