martes, 23 de junio de 2009

El diccionario náhuatl de Gritón ya cuelga en las salas del MCM

*Muestra de 28 cuadros de gran formato en los que ilustra vocablos de la lengua original
*Las obras fueron concebidas para exponerse al aire libre, ante la crisis de público de galerías y museos, explicó el artista
*Planea tener listos 50 lienzos para el Faro de Tláhuac y editar un libro
Cursiva

Ángel Vargas, La Jornada

Después de exhibirse durante el pasado festival de la Noche de Primavera, que organiza el gobierno del Distrito Federal en marzo de cada año, y posteriormente estar montada en el exterior del Faro de Oriente durante mes y medio, la muestra Breve diccionario visual del náhuatl, de Antonio Ortiz, Gritón, llegó a las salas del Museo de la Ciudad de México (MCM), donde permanecerá hasta mediados de agosto.

La exposición está integrada por 28 cuadros de gran formato, realizados en acrílico sobre telas de cortina de dos por tres metros, con diferentes estampados, en las que el artista ilustra con coloridas imágenes vocablos en lengua náhualt y su traducción al español.

Además, cada pieza está acompañada por una cédula en la que escribió un breve texto con sentido lúdico o humorístico con cada uno de los vocablos a los que alude de manera gráfica en sus lienzos.

Esa muestra forma parte de un proyecto de mayor envergadura, con una duración estimada de tres años, en el que Gritón se ha fijado ilustrar en esas enormes telas un total de 250 términos en náhuatl (lleva 33), con el propósito de fomentar el estudio de esa lengua.

Tal inquietud le surgió en el País Vasco, que en años recientes se ha convertido en su segundo hogar, donde le ha tocado vivir el binomio lingüístico euskera-español que de inmediato relacionó con el caso de México, donde se vive algo similar entre las lenguas indígenas y el castellano, aunque decidió enfocarse en el náhuatl, por ser el de mayor número de hablantes en la capital del país.

Evocación de sus inicios
Las imágenes plasmadas por Gritón en enormes lienzos representan la recuperación y la reinterpretación de aquella iconografía personal que desarrolló hace 20 años, en los albores de su carrera.

Al respecto, está convencido de que se trata de imágenes que bien pueden servir como nueva iconografía del náhuatl, pues ésta es una lengua que no ha dejado de evolucionar, como lo demuestra la integración que ha hecho de objetos y situaciones modernas a su léxico, con términos propios. Por ejemplo, para artículos electrodomésticos, como lavadora o licuadora; o para medios de transporte, como automóvil o avión.

La exposición, como la totalidad del proyecto, dan cuenta, por otra parte, de una de las principales preocupaciones que rigen la carrera de Antonio Ortiz, Gritón por hacer del arte un bien público, pues las obras están concebidas para su exhibición, principalmente, al aire libre, en sitios públicos.

La intención del artista es que la muestra haga escalas de manera frecuente por diferentes espacios de la ciudad de México, tanto abiertos como cerrados, aunque subraya su interés por los espacios al aire libre, porque piensa que para muchos artistas contemporáneos el reto a vencer es dominar las circunstancias que allí se presentan.

“Me interesa llevar la interacción con la gente más allá de lo que son los espacios tradicionales. Es decir, explorar el espacio público como medio de exhibición y apreciación del arte. Esto, ante la crisis de público que reportan las galerías y los museos cuando menos desde hace 10 años.”

En la lógica de lo cotidiano
Gritón se dice consciente de lo efímero que puede ser el tipo de obras que creó para este proyecto, ante los imponderables que deben enfrentar por estar concebidas para mostrarse a la intemperie. También de que su impacto es efímero, como todo lo que ocurre en la calle.

“En este caso la obra pretende girar junto a la cotidianidad. Es decir, un día está y al otro no. Meterse a la lógica del espacio público, que sea un elemento más de éste, con lo que ello implica, como transformarse, ser agredida o desaparecer.”

En su opinión, el gran reto del espacio público “no es que la obra sea vista por miles de personas, sino cómo lograr decirles algo y moverles el tapete; es decir, cómo provocar una reflexión. Una cosa es que vean la obra y otra que se enteren que uno trata de decir algo en ella”.

Para concluir, Gritón explica que cuando el proyecto esté concluido, la idea es integrar con esas 250 obras varias muestras, acaso 10, y presentarlas de manera simultánea en diversos lugares públicos de la capital del país. De igual manera, se editará un libro en el que se integrarán los elementos básicos de la gramática en náhuatl.

Antes, espera tener listas 50 de esas piezas para la exposición que se presentará en septiembre próximo en el Faro de Tláhuac, donde se colocarán en el exterior de ese recinto.

Urge escuelas de lenguas indígenas: Víctor Robles

*El Músico juchiteco pide academizar la lengua de los zapotecas
*De no hacerlo, se corre el riesgo de perderse en los próximos años, aseguró
Luis FLORES, El Imparcial
20/06/2009, JUCHITAN,- El músico juchiteco, Víctor Robles, urgió a las autoridades crear escuelas que promuevan las lenguas indígenas, como el zapoteco, para evitar el riesgo de que en un futuro se pierdan, ya que los únicos que han hecho la labor de fomentar el arte y la cultura zapoteca, han sido los artistas y escritores del Istmo.
Dijo que para seguir promoviendo la lengua originaria de las comunidades indígenas, ante el escaso apoyo de las autoridades municipales, se necesita crear escuelas de lenguas indígenas en los pueblos donde existe el riesgo de que se pierda la lengua natal.
Y es que, en municipios como el de Tehuantepec, San Blas Atempa, San Pedro Huiilotepec, San Pedro Huamelula, y San Mateo del Mar, la lengua materna ha perdido fuerza.
Víctor Robles indicó que debido al escaso apoyo que las autoridades destinan al rescate de las lenguas indígenas, artistas e intelectuales se han dado a la tarea de organizar actividades que impidan la desaparición de las lenguas.
El músico, quien a través de la canto fomenta su lengua natal, recalcó que son urgentes los programas que ayuden al rescate y a la preservación de las lenguas indígenas. Agregó que, afortunadamente, la región del Istmo de Tehuantepec, cuenta con escritores como Víctor Terán, Irma Pineda, Macario Mátus, Víctor de la Cruz y Natalia Toledo, entre otros, quienes con sus creaciones mantienen viva la lengua zapoteca.
Al cantautor le preocupa realmente, el ver que no se ha academizado la lengua de los valientes zapotecas, ni instruido a la gente, al grado que la mayoría de los pobladores del Istmo, no saben leer en zapoteco.
Por tal motivo, el trabajo que realiza a favor de su lengua, consiste en musicalizar poemas de antiguas generaciones de artistas, con letras como las de Pancho Nacar, escritor que en cada uno de sus escritos retoma palabras que actualmente se han dejado de usar.
“Nosotros, como otra generación de otros trovadores y músicos de Juchitán, vemos un poquito al pasado y retomamos los temas que nos han dejado otras generaciones. Vemos conveniente, en primer lugar, conservar estas piezas y de alguna manera renovarlas con nuevas armonías, además de impulsar y crear nuevas canciones y poder aportar algo al repertorio musical del Istmo, por este motivo también nace la intención de buscar nuestra poesía, la que estaba escondida”, expresó.
A decir de Robles, la modernidad como en otros lugares, ha llegado a Juchitán, las nuevas tecnologías y los medios de comunicación cumplen un papel que fragmenta a la sociedad y los conduce hacia nuevos conceptos, logrando que las personas se olviden de sus raíces, de su lengua, y a pesar de todo, es menester contar con escuelas donde se enseñe a los niños a leer y a escribir en zapoteco.
Señaló que los medios masivos de comunicación como el Internet y la televisión, no son realmente conductos alienantes, sino que muchas veces estas nuevas tecnologías nos encierran en realidades distintas, “y debemos de conquistar estos medios para difundir la lengua, utilizar el Internet, la radio y la televisión, crear programas, sitios electrónicos para tener un nuevo canal de difusión”.
A lo anterior, añadió que, “necesitamos impulsar y academizar el estudio de las lenguas, porque lamentablemente se ha hecho muy poco. Esto es un trabajo que nos corresponde a todos, principalmente a las instituciones, quienes tienen en sus manos muchas posibilidades para impulsar esto, pero si no lo hacen ellos, está en nuestras manos crear proyectos independientes”, puntualizó.

miércoles, 17 de junio de 2009

Culturas indígenas amenazadas (Parte II)

PABLO ALARCÓN-CHÁIRES1
A propósito del Día del Medio Ambiente, el peligro de extinción no se centra exclusivamente en la diversidad biológica. El barbarismo y darwinismo social de nuestra civilización también está dando cuenta de las lenguas indígenas, que sucumben ante la fría e impersonal economía de mercados. Cuando una lengua desaparece, no se pierde únicamente una manera de expresar el universo. También se van las posibilidades de conocer otras formas de percibirlo y concebirlo, ya que la misma estructuración sintáctica expresa una particular forma de ver el mundo. Así, con la pérdida de una lengua se pierde un tipo de conocimiento basado en la experiencia (ensayo y error) transmitido a través de la tradición oral y con aportes importantes a las actividades de manejo y conservación de la naturaleza.

Las lenguas están en más riesgo de desaparecer que las aves y los mamíferos. Mientras la extinción de plantas con semilla para los próximos 3 mil años se calcula de 50 por ciento, la extinción de lenguas en los próximos 100 años será de 90 por ciento. Se estima que la mitad de las aproximadamente 7 mil lenguas existentes en el mundo están amenazadas con extinguirse. Además de ello, 10 lenguas (francés, japonés, ruso, bengalí, portugués, hindi, árabe, español, mandarín e inglés) son habladas por 46 por ciento de la población, lo que significa que las 6 mil 990 restantes son habladas por más de la mitad de la población mundial, evidenciando una concentración hegemónica de lenguas en el mundo. De 1940 a 1988 en Sudamérica, por ejemplo, se perdieron 178. En México se calcula actualmente la existencia de casi 300 lenguas dentro de 65 etnias existentes, de más de 500 calculadas que existían a la llegada de los españoles. Desde entonces se han extinto 112 grupos étnicos, casi la mitad de las lenguas indígenas de México tiene menos de mil hablantes, y en casos como los kiliwa, cucapá, diegueños y otros más, sus hablantes son menores a 100, colocándolos en una situación apremiante.

Las principales causas de la extinción de lenguas a escala global son la falta de transmisión de la misma, el racismo y la limpieza étnica, los conflictos étnicos “modernizados”, los desplazamientos y la migración, la evangelización, las enfermedades, la esterilización forzada y las hambrunas. Los grupos indígenas frecuentemente son “punta de lanza” en los conflictos armados. Desempleados, conforman el grueso migratorio en busca de mejores oportunidades como ocurre en la India y México, o son segregados a trabajos riesgosos como las minas de uranio y los rascacielos, en Estados Unidos. El tipo de economía que desarrollan en muchos casos es ilegal y el estatus social de determinadas etnias es codificado en leyes nacionales y perpetuado por abusos institucionales.

En México, la batalla contra los indígenas surge desde los mismos programas de desarrollo expresados, por ejemplo, en la construcción de presas, la electrificación, la construcción de caminos, en fin, del desarrollo impuesto. Allá están los huicholes que proponían celdas solares frente al cableado eléctrico, con lo que pretendían evitar la introducción masiva de televisiones, de máquinas tragamonedas, del Gansito y la Coca-Cola, los mismos huicholes que se opusieron a la construcción de caminos que ahora sirven de tránsito a la madera de sus bosques talados ilegalmente por agentes externos. Están también los tzeltales y tzotziles, que osaron luchar por su dignidad ahora copados por campamentos militares, las drogas y prostitución.

¿Es que representa un peligro ser indígena? De ser así, es entendible la desaparición de lenguas, aunque no comprensible en su aspecto causal. Si la etiqueta de hablante de lengua indígena compromete la vida, el futuro, las posibilidades de aspirar a una vida digna y de calidad, es lógico que se prescinda de ella.