viernes, 9 de noviembre de 2018

Ser joven e indígena es resistir doblemente: Nadia López


La poeta participará en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) 2018, donde impartirá actividades de vocabulario para niños

Fabiola Méndez/Francisco Medina



“Soy una mujer, indígena, migrante y joven, todas las características que presagian un futuro poco alentador”. Destacó Nadia López García, poeta bilingüe (tu´un savi-español), quien trabaja para que la historia de racismo, violencia y discriminación que ha vivido de cerca se erradique, para que los pueblos indígenas no sientan temor de reafirmar sus orígenes.
“Cambiar nuestras historias de pobreza, tristeza y discriminación por historias de triunfo, solidaridad y éxito. Ser joven es resistir y ser joven e indígena es resistir doblemente”, afirmó la traductora y pedagoga de la UNAM, galardonada con el Premio Nacional de la Juventud 2018 en la categoría de Fortalecimiento a la Cultura Indígena.
Creció con el estigma del racismo y violencia vivida por su mamá por hablar una lengua originaria, además de vivir la difícil situación de ser niña migrante, no tener casa propia. “No entendía muchas cosas pero me di cuenta que México es muy diverso”. Convivió con niños de todos los estados y así creció entre el cultivo de fresa, tomate y pepino en Baja California, y la pizca en Sonora y Oaxaca.
La UNAM siempre fue su sueño, conocer a Rosario Castellanos en la clase de español fue su inspiración, “me encanta escribir, lo veía como algo difícil y lejano pero no imposible”, señaló.
Su reto más grande no fue haber aprobado el examen de admisión a la Universidad, sino trasladar su vida a otra ciudad y cambiar su futuro, “ni en mis sueños más locos imaginé  lo que hoy he logrado, pero sé que es el resultado del trabajo, constancia y perseverancia”, aseguró.
Superar la adversidad y no rendirse jamás son los ingredientes principales para lograr los sueños. Para la egresada de la Facultad de Filosofía y Letras de la Máxima Casa de Estudios, su objetivo es trabajar para tener un México más justo no sólo con los pueblos originarios, sino con la multietnicidad de este país.
En ese sentido, López García afirmó que sueña con incidir en las políticas educativas de los pueblos originarios y ser un puente entre las comunidades y las  instancias encargadas de hacerlo.
Actualmente, trabaja en un poemario para niños donde aborda los tipos de violencia que sufren y que pasan inadvertidos, de hecho, el premio recibido la ayudará a terminar su edición, la cual podría publicarse en el primer trimestre de 2019.
Asimismo, del 9 al 29 de noviembre la poeta participará como tallerista en la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) 2018, donde impartirá actividades de vocabulario para niños, “quiero sembrarles la semilla de que pueden aprender otra lengua, trabajar por un México más justo y menos racista”, finalizó.
Con información de UNAM Global

jueves, 1 de noviembre de 2018

Luis García Montero y Waldo Leyva en la UNAM

Lectura de poesía que ofrecerán Luis García Montero, Director del Instituto Cervantes de España, y Waldo Leyva, Premio Casa de América de Poesía Americana 2010. 




La presentación de los poetas estará a cargo de Jorge Volpi, Coordinador de Difusión Cultural. Como comentaristas estarán presentes Andrés Ordóñez, Director del Centro de Estudios Mexicanos UNAM-España y Alberto Vital Díaz, Coordinador de Humanidades. El recital tendrá lugar en el Auditorio Mario de la Cueva, piso 14 de la Torre II de Humanidades, el lunes 5 de noviembre a las 19:00 horas.

Luis García Montero ​ es un poeta y crítico literario español, ensayista, profesor de Literatura Española en la Universidad de Granada. Pertenece a la generación de los ochenta o postnovísimos dentro de la corriente denominada poesía de la experiencia. Director del Instituto Cervantes desde 2018. 

Waldo Leyva es un escritor, periodista y poeta cubano.​ Sus obras han sido traducidas al portugués. A pesar de que su primer título salió publicado en 1974, era uno de los poetas más conocidos en Cuba. Ejerció la docencia como profesor de Estética y de Literatura Cubana e Hispanoamericana.

martes, 30 de octubre de 2018

Libro Las Lenguas de América. Recital de Poesía III

 Adquiere la Antología del Recital de Poesía III


Libro que contiene la selección poética de 11 escritores, quienes participaron en el III Festival de Poesía Las Lenguas de América, con sus respectivos poemas escritos en su lengua materna con su traducción al español.


José del Val y Juan Mario Pérez, compiladores.
1a edición, 2018
Secretaría de Cultura y La Herrata Feliz. 
267 páginas
Precio: $220.00 mxn
Más gastos de envío:

CDMX y nacional: $21 ordinario;   $30 Certificado
E.U.A.:  $119 ordinario;  $150.50 Certificado
Centroamérica:  $119 ordinario;  $188 Certificado
Sudamérica: $188 ordinario;  $219 Certificado
Peso libro: 355 gramos.
*Costo por un solo ejemplar

Pedidos a: festival.lenguasdeamerica@gmail.com



Autores
Miguel León Portilla, español (México)
Irma Pineda, diidxazá, (México)
Alice Ruiz, portugués (Brasil)
Iguaniginape Kungiler, kuna (Panamá)
José Ángel Fernández, wayuu (Venezuela)
France Mongeau, francés (Canadá)
Gaspar Pedro González, maya-q'anjob'al (Guatemala)
Waldemar Noh Tzec, maya (México)
Gregory Orr, inglés (EE UU)
Alberto Gómez Pérez, tsotsil (México)
Gustavo Zapoteco Zideño, náhuatl (México)





miércoles, 24 de octubre de 2018

David Huerta escribe sobre su experiencia en el VIII Festival



En la Sala Nezahualcóyotl


El pasado jueves 11 de octubre concluyó el festival poético dedicado a las lenguas de América. El acto de cierre consistió en una lectura colectiva en la Sala Nezahualcóyotl del Centro Cultural Universitario.

El festival lleva el nombre de su fundador y animador: Carlos Montemayor, escritor de Chihuahua que concertaba extrañamente varias pasiones intelectuales y literarias: las tradiciones clásicas, la literatura que algunos descomedidos llaman “exquisita”, los movimientos revolucionarios en nuestro país y, desde luego, las lenguas originarias de México y sus poetas.

Nunca me he cansado de recomendar el diccionario de nahuatlismos que hizo Carlos Montemayor; aquí lo hago de nuevo: háganse ustedes de ese lexicón y verán cómo no tiene desperdicio. Fue publicado por la Universidad Nacional, también encargada de organizar este festival bianual que en 2018 llega a su octava edición. En mis clases universitarias he acudido a ese libro en múltiples ocasiones a propósito de temas diversos: las páginas de Juan Rulfo, la historia de la lengua española y la noción lingüística de “sustrato”.

Mi querido camarada en esas jornadas poéticas de octubre, Juan Mario Pérez, nos hacía ver a los invitados cuánto sentido tenía hacer la lectura de los poetas de América en la sala universitaria que lleva el nombre de un rey poeta. Esos invitados eran extraordinarios y los voy a mencionar aquí, por su nombre de pila solamente, con cariño y admiración: Zara, José Inácio, Juany, Fredy, Louise, Víctor, Margaret, Elicura, Briceida, Natalio y Humberto, además de un chilango que se coló al final.

El público que asistió a la lectura poética colectiva fue verdaderamente ejemplar y digno de todo reconocimiento. No nada más aguantó con el mejor ánimo la sesión larguísima, de más de tres horas, sino que estuvo de veras presente y participó con expresiones diversas en las lecturas de los poemas, y en algunos cantos que esa noche escuchamos. Las maestras de ceremonias, oaxaqueñas garbosas, fueron Natalia Toledo y Nadia López; un papel muy lucido, además, tuvieron los intérpretes de varios de los poemas leídos en francés, inglés y portugués: Silvia, María, Ricardo y Emerson.

No sé qué dirían los demás, pero a mí esa lectura me pareció algo formidable. Y la Sala Nezahualcóyotl, caray: un lugar hermoso, acogedor, sin duda una de las grandes salas del país.

Al final de la lectura colectiva, los mexicanos presentes en el escenario decidimos lanzar un entusiasta “Goya”. Vi de reojo que el gran poeta guatemalteco de lengua maya Humberto Ak’abal trataba de sumarse al “cachún cachún”, pero no podía; claro: no conocía la “letra”. Me dijo al oído: “Se ve que esto es importante pero no sé qué son esas palabras”, y entonces traté de explicarle lo mejor que pude. Asintió y me dedicó una amplia sonrisa. Fue un momento diminuto en esa noche inolvidable, pero lo guardo en el corazón con emoción.